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Lunes, 21 de septiembre de 2026 Edición Asturias

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Opinión · AP-66

El talud del Huerna parece terminarse, los problemas y la infraestructura indigna siguen

Las obras del deslizamiento encaran sus últimos trabajos, pero las actuaciones en los túneles siguen condicionando la circulación. Y el peaje no baja mientras el servicio no es el que debería.

Alfonso Estébanez 4 min de lectura

Parece que, por fin, el largo episodio del talud del Huerna empieza a entrar en su recta final. Las obras de reparación del enorme deslizamiento que obligó a modificar durante meses la circulación por la autopista avanzan ya hacia sus últimos trabajos. El antiguo trazado está siendo fresado y se están ejecutando las operaciones previas al reasfaltado, una señal inequívoca de que, al menos esta parte de la historia, está próxima a terminar.

Es una buena noticia. Después de tantos meses de afecciones, desvíos, restricciones y molestias para quienes utilizan una de las principales conexiones de Asturias con la Meseta, recuperar unas condiciones de circulación normales debería ser motivo de satisfacción. El problema es que el final de esta obra no significa, ni mucho menos, el final de los problemas del Huerna.

Los túneles siguen condicionando el viaje

Porque mientras el talud parece encarar su conclusión, las actuaciones relacionadas con la implantación de las medidas de seguridad en los túneles continúan. Y continúan condicionando de manera importante la circulación. Las obras se suceden, las restricciones se prolongan y el viaje por la autopista sigue estando sometido a unas condiciones que hacen que atravesar el Huerna se convierta, demasiado a menudo, en una prueba de paciencia.

La paradoja es evidente: una infraestructura que debería proporcionar una conexión rápida, segura y fiable entre Asturias y León lleva demasiado tiempo funcionando condicionada por obras, actuaciones y restricciones sucesivas. Y mientras el usuario soporta tiempos de viaje mayores, retenciones y una circulación incómoda, el precio del peaje no se reduce.

Ese es probablemente uno de los aspectos que más cuesta entender desde la perspectiva del ciudadano. La infraestructura no está ofreciendo durante largos periodos las condiciones de servicio que razonablemente cabe esperar de una autopista de peaje, pero el coste para quien la utiliza permanece intacto. El usuario paga por una infraestructura que, en demasiadas ocasiones, no puede utilizar en las condiciones de fluidez y normalidad que justifican precisamente la existencia de una autopista frente a otras alternativas.

Una infraestructura estratégica

Y todo ello ocurre sobre una infraestructura estratégica para Asturias. El Huerna no es una carretera secundaria ni una infraestructura prescindible. Es la principal conexión viaria de la región con la Meseta y con buena parte del sistema logístico y económico del noroeste peninsular. Cada restricción, cada cierre parcial y cada prolongación de los trabajos tiene una repercusión que va mucho más allá de la incomodidad de quien se encuentra al volante.

Por eso resulta difícil asumir como normal que el recorrido continúe eternizándose mientras se suceden las actuaciones. Una cosa es ejecutar las obras necesarias para garantizar la seguridad y otra muy distinta que el usuario termine teniendo la sensación de que el Huerna está permanentemente en obras.

La espada de Damocles de la concesión

Y ahora aparece, además, otra cuestión que añade incertidumbre al cóctel: la decisión que tenga que adoptar la Comisión Europea respecto a la ampliación de la concesión.

La situación tiene así una especie de doble dimensión. Por un lado, está el problema inmediato y tangible: circular por una infraestructura sometida durante demasiado tiempo a obras y restricciones, pagando por ello el mismo peaje. Por otro, está la cuestión estructural de qué futuro tendrá la concesión y bajo qué condiciones podrá prolongarse, si finalmente procede hacerlo, a la vista de lo que determine la Comisión Europea.

La llamada espada de Damocles de esa decisión sobrevuela, por tanto, una infraestructura que ya acumula suficientes interrogantes. Porque la discusión sobre la concesión no puede desligarse de una cuestión mucho más elemental: qué servicio se está prestando realmente al ciudadano y cuánto está pagando por él.

El final de las obras del talud debería servir para cerrar una etapa. El fresado del firme y el próximo reasfaltado permiten pensar que, al menos en ese punto concreto, se recuperará pronto la normalidad. Pero sería un error interpretar la finalización de estos trabajos como la solución definitiva al problema del Huerna.

La mirada de La Traza

Queda todavía la seguridad de los túneles, quedan las restricciones derivadas de las obras y queda, sobre todo, la cuestión de fondo: cuánto tiempo más vamos a aceptar que una infraestructura fundamental para Asturias funcione con unas condiciones de servicio que están muy lejos de ser las que debería ofrecer una autopista de esta importancia.

El talud se cayó. Se reparó. Ahora parece que por fin se termina de reparar la carretera.

Pero los problemas del Huerna siguen.

Y mientras tanto, el peaje también.

#Huerna#AP-66#peaje#concesión#túneles

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