Junta General
Covadonga Tomé propone reformar el reglamento de la Junta General para frenar los discursos de odio
La diputada del Grupo Mixto llevará su iniciativa a todos los grupos salvo Vox y busca apoyo para aprobarla antes de final de año. Vox pide a la Mesa que se retiren del acta palabras suyas.
F.J. Craus 2 min de lectura
La diputada del Grupo Mixto de la Junta General del Principado Covadonga Tomé ha registrado una propuesta para modificar el reglamento de la cámara con el objetivo de frenar los discursos de odio en el hemiciclo. Su iniciativa se dirige, según ella misma explicó, contra lo que califica de discurso xenófobo de Vox, informó RTPA el 28 de septiembre.
El recorrido de la iniciativa
Tomé prevé presentar la propuesta a todos los grupos parlamentarios excepto Vox y busca un apoyo amplio que permita aprobarla antes de que acabe el año. Una reforma del reglamento de la Junta General requiere mayorías cualificadas, de modo que su suerte depende de que los grupos mayoritarios se sumen.
La réplica de Vox
Vox ha presentado un escrito ante la Mesa de la cámara en el que pide que se retiren del acta de la sesión unas palabras de Tomé. Concretamente, reclama que se elimine la expresión con la que se refirió al partido —«escoria»— y la mención a las agresiones que, según la diputada, sufrieron los también parlamentarios Rubén Rosón y Jorge Fernández durante las fiestas de San Mateo, agresiones que ella atribuyó a la actuación de miembros de Vox.
La Traza recuerda que esa atribución es una afirmación de la diputada y que los hechos de San Mateo están en manos de la justicia. Rige la presunción de inocencia para cualquier persona investigada.
Por qué no la recomendamos hoy
Esta pieza toca una causa judicial abierta y un cruce de descalificaciones entre grupos. La incluimos como candidata porque el fondo —cómo regula un parlamento los límites del debate— es de interés público, pero queda fuera de nuestras seis recomendadas.
La mirada de La Traza
Un reglamento parlamentario no es un código penal: no sirve para prohibir ideas, sino para ordenar un debate. Ahí está la dificultad real de la propuesta de Tomé, y también su interés: todo mecanismo para frenar el discurso de odio en una cámara tiene que poder aplicarse igual a quien lo propone, o se convierte en un instrumento de mayoría. El episodio deja además una lección de forma. Llamar «escoria» a un grupo parlamentario debilita el argumento de quien pide más civismo en el hemiciclo, aunque la razón de fondo esté de su lado. La crítica política gana cuando va a las políticas.