Opinión
El capitalismo asesina a Maricarmen
Tenía 87 años y llevaba en su casa desde 1956. La echaron el 23 de septiembre con una orden judicial y la Policía forzando la puerta. Murió quince días después, ingresada. Nadie firmó esa muerte, y por eso hay que nombrarla.
Vicente G. Hayes 3 min de lectura
Maricarmen Abascal tenía 87 años y vivía desde 1956 en su casa del barrio del Retiro, en Madrid. El 23 de septiembre fue desahuciada: la Policía Nacional ejecutó una orden judicial y forzó la entrada. Desde ese día estuvo ingresada en el Gregorio Marañón. Murió el miércoles 7 de octubre, quince días después.
Esos son los hechos. Lo que no hay, y conviene decirlo antes de seguir, es una causa médica publicada ni resolución alguna que una el desalojo con la muerte. Esta columna no la necesita para saber lo que vio España: una mujer de 87 años llorando en el portal de la casa donde había pasado setenta.
Lo que se sabe
- El Sindicato de Inquilinas sostiene que existía un acuerdo que le habría permitido volver a su casa y que llegó «demasiado tarde». Su comunicado recoge una última petición de ella: «luchad, seguid luchando por lo que es vuestro».
- La empresa que promovió el desahucio es Urbagestión, descrita como fondo buitre por Infobae.
- Según la columna de Xuan Cándano en Nortes, pagaba 500 euros de alquiler al mes, en un país con casi cuatro millones de viviendas vacías.
- Su caso levantó la acampada de la Puerta del Sol, extendida a otras ciudades. En Oviedo hay acampada y hubo concentración urgente por el derecho a la vivienda.
Lo que se dijo
Ione Belarra e Irene Montero lo llamaron por su nombre: «no es una muerte, es un asesinato». Enrique Santiago, de IU, calificó el desahucio de evitable y sin alternativa habitacional. Pepe Álvarez, de UGT, dijo que murió por un sistema que la echó de casa y la dejó enferma en la calle, y llamó a movilizarse hacia la huelga general del 11 de noviembre. La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, lamentó «profundamente» la muerte.
También se dijo lo contrario, y queda constancia: Vox responsabilizó al Gobierno y acusó a la izquierda de usar el sufrimiento de la mujer en campaña.
Desde Buenos Aires, el presidente asturiano Adrián Barbón escribió en X: «Si algunas personas tienen conciencia, hoy deberían de estar muy arrepentidas de lo que han dicho y hecho». El día del desahucio ya había publicado otra cosa: «Malditos sean los usureros».
La mirada de La Traza
No hubo un asesino con nombre y apellidos, y ahí está el asunto. Hubo una orden judicial correcta, una policía que la ejecutó como manda la ley, un fondo que ejerció un derecho que el ordenamiento le reconoce y un expediente cerrado sin una sola ilegalidad. Todo funcionó, y el resultado fue sacar a una mujer de 87 años de su casa de setenta años y devolverla en una ambulancia. Cuando un sistema produce eso sin que nadie lo infrinja, el problema no son quienes lo aplicaron: es el sistema, y tiene un nombre que llevamos décadas evitando pronunciar en los titulares.
Lo que viene después es lo de siempre: el minuto de silencio, el tuit, la foto, y el 30 de noviembre nadie se acuerda. La prueba no será el duelo, será el Boletín Oficial del Estado: limitar por ley los precios, prohibir el desahucio sin alternativa habitacional acreditada para personas mayores y vulnerables, y aplicar el artículo 47 de la Constitución, que no es poesía y dice que los poderes públicos impedirán la especulación.
Y en Asturias esa coherencia tiene fecha y tiene Junta General: la ley asturiana de vivienda que Ovidio Zapico dice que puede aprobarse en semanas. Que la calificación permanente del parque público entre ahí, y que entre sin rebajas. Es lo mínimo que se le debe a una mujer a la que no dejaron ni vivir ni morir en su casa.