Mujer y empresa
Emprender en Asturias también es abrir camino: los premios FEDA y lo que no cabe en la foto
Los VI Premios FEDA distinguen a Marián García Prieto y a Sara Martínez del Río. Detrás de la fotografía institucional hay algo más incómodo: para muchas mujeres, emprender sigue siendo abrirse camino en un terreno ajeno.
Redacción 6 min de lectura
Los VI Premios FEDA ya tienen nombres. El jurado falló los galardones el pasado 9 de septiembre en la sede del Banco Sabadell en Oviedo y las premiadas se dieron a conocer esta semana, según El Cierre Digital. Son unos reconocimientos que pretenden poner el foco sobre las mujeres empresarias y directivas de Asturias. El Premio Mujer Empresaria de este año fue para Marián García Prieto, fundadora de i4life, una empresa nacida como spin-off de la Universidad de Oviedo y dedicada al desarrollo de soluciones tecnológicas para mejorar la autonomía y la calidad de vida de las personas.
Es una historia de emprendimiento que merece ser contada. Pero también merece ser ampliada.
Porque cuando hablamos de mujer y empresa corremos el riesgo de quedarnos en la fotografía del premio, en el discurso institucional y en la palabra «talento». Y detrás de esa palabra hay una realidad bastante más incómoda: para muchas mujeres, emprender sigue significando abrirse camino en un terreno que no ha sido diseñado pensando en ellas.
No es solamente una cuestión de acceso a los puestos de dirección. Es una cuestión de tiempo, de cuidados, de financiación, de redes profesionales, de reconocimiento y, en demasiadas ocasiones, de tener que demostrar una y otra vez una capacidad que a sus compañeros se les presupone.
Por eso me interesa especialmente mirar también hacia la ganadora del Galardón a la Mujer Rural de Asturias de 2025, Carolina Castro Fernández, que concede la Red Asturiana de Desarrollo Rural (Reader) y que se entregó el 15 de octubre de 2025 en La Benéfica de Infiesto.
Carolina es taxista en Cudillero y puso en marcha TuriTaxi Cuideiru, el primer taxi adaptado para personas con movilidad reducida del concejo. Según elDiario.es, el servicio combina rutas turísticas con transporte a un centro de día y rutas escolares para alumnado con movilidad reducida. Una iniciativa aparentemente sencilla, pero que dice mucho de lo que significa emprender cuando se hace mirando al territorio y no solamente a una cuenta de resultados.
Porque también es emprendimiento.
También lo es detectar una necesidad que existe, asumir el riesgo de convertirla en actividad económica y prestar un servicio que mejora la vida de quienes viven allí.
Y quizá deberíamos ampliar precisamente nuestra idea de lo que significa una empresaria.
No todas las empresas tienen que ser tecnológicas. No todas necesitan una ronda de inversión. No todas nacen en un vivero empresarial ni terminan convirtiéndose en una gran compañía.
Una mujer que abre un negocio en un pueblo, que mantiene un servicio necesario, que genera empleo, que concilia como puede, que se enfrenta a una administración compleja y que consigue que su actividad siga funcionando también está haciendo economía.
Y en Asturias esto tiene una importancia enorme.
Porque tenemos un territorio envejecido, una población rural que pierde servicios y una concentración creciente de actividad económica en las áreas urbanas. Cuando una mujer decide quedarse, regresar o instalarse en un concejo pequeño y desarrolla allí una actividad económica, no solamente está creando su propio puesto de trabajo.
Está ayudando a mantener vivo el territorio.
Los reconocimientos de FEDA de este año muestran, además, otra realidad. Marián García Prieto llega al premio después de 25 años de carrera académica y tras fundar en 2018 i4life. La empresa cuenta actualmente con 18 profesionales y el 80 % de su capital está en manos de mujeres, según los datos recogidos por FEDA.
Sara Martínez del Río, Premio Mujer Directiva, representa otro modelo: una cuarta generación que ha asumido la responsabilidad de transformar una empresa familiar centenaria mediante profesionalización, modernización y digitalización. En su organización, las mujeres representan más del 64 % de la plantilla y el 72 % de los puestos de responsabilidad y coordinación, según los datos recogidos por FEDA.
Son historias diferentes.
Y precisamente por eso conviene no hablar de «la mujer emprendedora» como si existiera un único modelo.
Está la investigadora que convierte conocimiento en empresa. Está la mujer que toma las riendas de una compañía familiar. Está quien desarrolla una actividad profesional en un pequeño concejo. Está quien monta una empresa desde cero. Está quien dirige una gran organización.
Lo que tienen en común no es el sector, ni el tamaño de la empresa, ni siquiera el origen social o profesional.
Es que han decidido ocupar un espacio que durante demasiado tiempo estuvo reservado fundamentalmente a los hombres.
Y ahí está, en mi opinión, la verdadera importancia de estos reconocimientos.
No en decir que las mujeres pueden emprender. Eso ya lo sabemos.
La cuestión es preguntarnos por qué todavía tenemos que celebrar como excepcional algo que debería formar parte de la normalidad.
Por qué una mujer que dirige una empresa sigue siendo presentada tantas veces como una excepción.
Por qué seguimos hablando de conciliación como si fuera fundamentalmente un problema de las mujeres cuando también es una cuestión de organización económica y social.
Por qué seguimos teniendo que explicar que la igualdad no consiste en colocar a algunas mujeres en la fotografía institucional, sino en conseguir que tengan las mismas posibilidades reales de llegar hasta allí.
Y por qué, en una Asturias que necesita actividad económica, población, empleo y nuevas empresas, no podemos permitirnos desperdiciar la mitad de nuestro talento.
Los premios son importantes. Los referentes también.
Pero quizá el verdadero éxito llegará el día en que no necesitemos sorprendernos porque una ingeniera funda una empresa tecnológica, porque una mujer dirija una compañía centenaria o porque una asturiana emprenda en un pequeño concejo.
Hasta entonces, habrá que seguir poniendo nombres y apellidos a quienes abren camino.
Marián García Prieto lo ha hecho desde la investigación y la tecnología.
Carolina Castro lo hizo desde un taxi en Cudillero.
Son caminos muy distintos.
Pero ambos nos recuerdan algo que Asturias debería tener muy presente: emprender no es solamente crear una empresa. A veces es también decidir que quieres construir tu futuro sin abandonar el lugar al que perteneces.
Y eso, en una tierra como la nuestra, tiene mucho más valor del que cabe en una entrega de premios.
La mirada de La Traza
Hay una prueba sencilla para saber si un premio sirve de algo: mirar qué pasa el resto del año. Un taxi adaptado en Cudillero sostiene rutas escolares y un centro de día porque alguien decidió asumir el riesgo; esa decisión sería mucho menos heroica si el transporte a demanda en el rural estuviera financiado como el servicio público que es. Lo mismo vale para la conciliación, que se resuelve con escuelas infantiles de cero a tres y con jornadas razonables, no con aplausos. Poner nombres y apellidos está bien. Poner presupuesto, mejor.