Estación intermodal
El Gobierno autoriza licitar por 40,7 millones la primera fase de la intermodal de Gijón
El Consejo de Ministros dio luz verde el martes al contrato que remodela el entorno de la calle Carlos Marx, derriba el viaducto y abre el espacio donde ha de levantarse la futura estación.
Vicente G. Hayes 2 min de lectura
El Consejo de Ministros autorizó el martes 22 de septiembre la celebración del contrato de «ejecución del proyecto de construcción de la nueva estación intermodal de Gijón. Fase 1: remodelación del entorno urbano de la calle Carlos Marx», con un valor estimado de 40.763.905,32 euros, según la referencia oficial de la reunión publicada por La Moncloa.
Qué entra en esta primera fase
La autorización abre la puerta a licitar la obra que despeja el suelo donde debe construirse la estación. RTPA detalló ese mismo día el contenido de los trabajos:
- demolición del viaducto de Carlos Marx y su sustitución por un vial en superficie;
- una nueva glorieta entre las calles Carlos Marx y Sanz Crespo;
- un nuevo colector de saneamiento;
- la reordenación de la glorieta del hipódromo, en la avenida José Manuel Palacio Álvarez;
- mejoras ambientales y aparcamiento provisional mientras duren las obras.
El importe no es el de la estación, sino el de la operación urbana previa que la hace posible. La referencia del Consejo de Ministros no fija plazo de ejecución ni fecha de inicio de las obras, y este periódico no los da por conocidos.
Un paquete ferroviario más amplio
En la misma sesión, el Gobierno autorizó otro contrato ferroviario en la cornisa cantábrica: el soterramiento de la línea de ancho métrico en Torrelavega y actuaciones complementarias, con un valor estimado de 128.644.322,91 euros.
La mirada de La Traza
Derribar un viaducto urbano para devolver la calle a la superficie y coser el tejido de la ciudad es, en sí mismo, una buena noticia: el plan de vías nació precisamente para reparar una cicatriz que el ferrocarril y la autopista urbana dejaron en Gijón durante décadas. Pero cuarenta millones de euros para la fase previa obligan a exigir que el destino final sea una estación intermodal de verdad —tren, autobús y bicicleta en el mismo punto, con acceso a pie— y no un intercambiador rodeado de aparcamiento. Gijón lleva más de veinte años esperando. La prueba del algodón llegará con el pliego: cuánto espacio se reserva al transporte público y a la movilidad activa, y cuánto al coche.